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09.02.2010
No rendirse prematuramente

Incluso a nivel de grandes maestros, la rendición prematura suele darse - por distintos motivos - y en torneos de competición actual.
Un ejemplo lo evidencia la anterior posición, de la partida Natapov-Shuravlov (Moscú, 1994), en la que se representa un final de peones, ¡y las negras se rindieron!, olvidándose de que disponían de un último recurso para salvar la partida aparentemente perdida.
Juegan negras, y el recurso del que dispone el negro es el ahogado. El procedimiento es el siguiente para lograrlo: 1. ... Rc6; 2. axab5+ Rxb5; 3. Rd5 Ra4!
En la siguiente posición, de la partida Svidler-Lobron (Erevan, 1996), las negras se rindieron contando con la variante 1. ... Rg2; 2. Re5 h1(D); 3. Txh1 Rxh1; 4. Rd5 Rg2; 5. Re5, pero no calcularon hasta el final de la variante.

Efectivamente, tras 5. ... Rf3; 6. Rxf5 Re3, el rey negro captura el peón de e3 y son tablas. Otra rendición prematura ¡y entre grandes maestros!
Y concluimos con otra posición, de la partida Krumpachnik-Polak (Eslovenia, 1985), en la que el negro se rindió, considerando que perderían sus dos peones doblados.

Sin embargo, lo cierto es que después de 1. ... Rd7; 2. Rxe5 Re7; 3. g6 Rf8!; 4. Rxe6 Rg7; 5. Rf5 Rh6!; 6. Rf6, todo finaliza en una bien conocida posición de ahogado.
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